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Opinion

Patria y celebración

PATRIA Y CELEBRACION

Dentro de pocos días Costa Rica y Centroamérica en general, celebrarán 200 años de vida independiente; la sobrevivencia y solidez de nuestra democracia depende de varias cosas. Una de ellas tiene que ver con una gobernanza democrática, de espíritu republicano que garantice la buena marcha de la nación, donde Estado y mercado funcionen, de manera que el rumbo principal del país, sea la irrenunciable creación-aspiración de un espacio geográfico y afectivo, capaz de generar riqueza y mayores oportunidades en búsqueda del bien supremo, la felicidad de quienes habitan este terruño, así proclamado desde inveterados tiempos. La satisfacción de las necesidades de la población y ante todo la garantía de una sana y sostenible convivencia, en un marco de respeto a nuestro régimen de derechos y libertades, también han de apuntar hacia ese bien común.

Una democracia como la costarricense que ha evolucionado e involucionado en lo electoral, requiere hacerlo aún más, en los ámbitos económicos y sociales. Lo verdaderamente democrático debe trascender más allá de lo electoral. El concepto como tal debe tener significado para el joven, la madre jefa de hogar, a campesinos, artesanos, molusqueras y pescadores.

Nuestro régimen, necesita hoy como ayer y siempre, de verdaderos ciudadanos y ciudadanas cuya lucidez debe ubicarse más allá de  la inmediatez y la comodidad de un presente, que ya no alcanza para enfrentar y resolver los problemas que se acumulan. Como pueblo con una amplia cultura y acervo democrático no nos es lícito dejar de aspirar a ser gobernados por sus mejores hijas e hijos, en conocimiento, ciencia, virtud, sabiduría y tolerancia. De no ser de esa manera, se pone en riesgo la paz social, esa que en nada se parece a la de los cementerios y que verdaderamente es capaz de construir, tender puentes, derribar muros y permitir la generación de acuerdos inclusivos, la creación y distribución de riqueza, traducida en trabajo y bienestar para todos y todas. Insisto, como pueblo, así como lo hemos hecho por 200 años, en el presente ni en el futuro vamos a claudicar a exigir y demandar gobernantes  aptos, competentes, honorables, honestos y con fuerte capacidad de estudio y sensatez en la búsqueda de soluciones a los problemas que hoy nos agobian. En mi opinión allí radica la mayor amenaza a nuestro futuro.

Costarricenses, no nos confundamos, que el canto de himnos, el ondear pendones y henchir nuestro pecho de patriotismo, si bien son buenos signos, no son suficientes para expresar y resguardar todo lo que vale vivir en paz y democracia, y sobretodo mantener ambos valores, cual faro luminoso, por 200 años más. 

Ante el panteón de la patria, hoy paso lista, de hombres y mujeres de bien a quienes debemos la arquitectura del estado social de derecho, del cual hoy disfrutamos. Su legado ha de servirnos de inspiración por muchos años más:

Francisco Osejo. Presente ¡

Gregorio Jose Ramírez. Presente ¡

Juan Mora Fernández. Presente ¡

Juan Rafael Mora. Presente ¡

Jose María Cañas. Presente ¡

José María Castro. Presente ¡

Julián Volio. Presente ¡

Carmen Lyra. Presente ¡

Alfredo González. Presente¡

Julio Acosta. Presente ¡

General Jorge Volio. Presente ¡

Eliseo Gamboa. Presente

Rogelio Fernandez Güell. Presente ¡

Luisa González. Presente ¡

Marcelino García Flamenco. Presente ¡

Omar Dengo. Presente ¡

Carlos Luis Sáenz. Presente ¡

Clorito Picado. Presente¡

Monseñor Sanabria. Presente ¡

Eunice Odio. Presente ¡

Manuel Mora. Presente ¡

Jose Figueres Ferrer. Presente ¡

Rafael Angel Calderon Guardia. Presente ¡

Mario Sancho. Presente ¡

Corina Rodríguez L. Presente ¡

Luis Barahona Jiménez. Presente ¡

Vicente Sáenz. Presente ¡

Jorge Debravo. Presente ¡

Rodrigo Facio. Presente ¡

Yolanda Oreamuno. Presente ¡

Federico Picado. Presente ¡

 

Hoy nos resulta en extremo oportuno y cargado de una gran actualidad, el memorable y épico discurso pronunciado por el maestro García Monge en la celebración del centenario de la patria, el 15 de septiembre de 1921, ante el monumento Nacional. Exalta este benemérito de la patria, la figura de Juan Rafael Mora Porras a quien considerò  “víctima de la perversa política costarricense.” Entendiendo por política una visión mucho más allá de lo estrictamente electoral. Nos recuerda que “la patria es construcción de obra de concordia, de cooperación y simpatía”. Como milagroso bálsamo nos resulta esta hermosa frase pronunciada hace 100 años.

No debemos permitir y mal haríamos con nuestro silencio cómplice, dejar que un grupo de  oligarcas vanidoso y ambicioso convierta el gobierno en un bien privado y no en lo que debe ser, un bien público; y anteponen sus egoísmo repugnantes y sin escrúpulos a la sute misma de la patria ¡” sin duda este es el mayor legado que deja nuestra juventud el maestro Garcia Monge.

En ese entonces, Costa Rica aún sufría las secuelas de la Primera Guerra Mundial, sin embargo ello no impide sumarnos tempranamente a la Liga de las Naciones, antecesora de la ONU. Veníamos saliendo de los efectos de la gripe española que arrebató miles de vidas. La tiranía de los Tinoco había sido derrotada por los movimientos en las calles de trabajadores, pequeños comerciantes, artesanos y maestras, En lo bélico, la tiranía tuvo que lidiar infructuosamente contra el movimiento liderado por el ramonense Julio Acosta Garcia. En el Congreso de la República, la combinación de diversos movimientos sociales y la gestión de buenos diputados permiten amasar importantes reformas sociales que poco a poco van configurando la Costa Rica de los últimos cien años. Se crean sociedades mutualistas, fondos de ahorro de los trabajadores, el seguro de riesgos del trabajo, la aparición de un ministerio de Salubridad Pública. La jornada laboral de ocho horas. El reconocimiento del derecho a huelga. La creación del Patronato Nacional de la Infancia (PANI) para la promoción de los derechos de la infancia y de la familia. Desde la Liga de Naciones apoyamos la creación de la Organización Internacional del Trabajo, cuyas recomendaciones nuestros gobernantes en los últimos 3 años han optado por desconocer.

En el desarrollo de los pueblos, una sana y conveniente práctica es mirar atrás para nunca perder la perspectiva de dónde venimos, quiénes somos, qué nos identifica y nos hermana. Por eso bien nos catequiza el papa Francisco al señalarnos “mirar el pasado con gratitud, vivir el presente con pasión y abrazar el futuro con esperanza”

Los costarricenses hemos crecido en un entorno en el cual se ha determinado que una de las décadas determinantes en la historia patria lo ha sido la de los cuarenta, cuando se plantea la gran reforma social y el pacto fundacional de la segunda república que plantea en el fondo, un equilibrio entre capital y trabajo, entre el desarrollo de una institucionalidad fuerte y un régimen que garantiza un conjunto de libertades públicas y civiles, que oxigenan y permiten la sobrevivencia de  un régimen democrático que ha servido hasta ahora para garantizar la sana convivencia social. En los años cincuenta y sesenta el país vio como surgían diversas instituciones que de manera determinante han favorecido el desarrollo de la actividad económica privada, pero fijando límites al apetito de un desarrollo excluyente, centrado en lo económico, con la consecuente depredación del ser humano y  de los recursos naturales.

No sigue recordando el benemérito García Monge con su centenario e inspirador discurso este monumento os inspira a construir sinceramente la patria de la nueva cultura, del hombre nuevo, que funda su prestigio y su decoro en vivir en las imperecederas normas de la justicia, la libertad, la belleza y la verdad”. Ante la corrupción que se va apoderando de algunas áreas de la vida nacional, los interese mezquinos y la estulticia reinante en círculos de poder durante los últimos años, “Requerimos de una sabia y pura conciencia nacional que en los fastos de sus progenitores, los nuevos hallan que admirar e imitar. De tal admiración consciente les brota de las entrañas como un manantial de fuerzas espirituales fecundas que os hace ver más altos. Estéril y triste resulta la vida de los pueblos que padecen incuria, que inotan lo que valieron sus precursores, que a pesar, si se dan cuenta de la indiferencia que va apagando en ellos sus ideales y entusiasmos.” 

Esa fea cicatriz en el rostro de la patria, llamada desigualdad, debe conducirnos a preguntarnos qué tan festiva ha de ser esta celebración, cuáles son os orígenes de dicha desigualdad, cómo celebrar y que celebrar cuando más de un millón de costarricenses vive en pobreza cuando la mitad de nuestra fuerza laboral no goza de las condiciones mínimas de decencia y decoro. Cuando hoy instituciones sociales, como el IAFA, anteriormente llamo INSA creado en los setenta bajo la sagaz mirada de un gran ramonense como Charles Chassoul para atender un gran flagelo que desangra a la sociedad costarricense como lo es el alcoholismo, están cada vez más cerca de que le pongan los candados a que aumente su cobertura en la prestación de servicio contra la farmacodependencia. Aún hay espacio para la autocrítica, de manera que revisemos nuestras actuaciones  con humildad. 

Sólo la sana convivencia y el diálogo social nos garantizan doscientos años más en el concierto de las naciones. No es ahogando el grito de la protesta, ni reduciendo a eufemismos vacíos la pluralidad política y de pensamiento. Muchas de las transformaciones que ha sufrido el país han sido posible gracias a la disrupción de otras formas de ver y construir realidades. 

Hoy más que nunca resuenan con renovado fervor cívico las frases y pensamiento del maestro desampara deño “El pretérito debe conocerse y amarse…porque hay que oír la voz de los próceres, voz de la historia que guía  a estas patrias por caminos mejores y más claros; los países que no apoyan un pie en la tradición andan como a tientas, que no consultan el testimonio autorizado de los mayores que más saben de los negocios de sus pueblos, y los amaron, y por ellos se desvelaron.”

Muchas gracias.

 

Javier Francisco Cambronero Arguedas

San Ramón, 4 de setiembre, 2021

 

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